En República Dominicana, la desaparición de Lourdes Carolina Estrella Guzmán dejó una marca imborrable en su familia, especialmente en su esposo, Amauri Martínez, y en sus hijos mellizos de diez años.
Un vacío difícil de llenar
La tragedia que tuvo lugar en la discoteca Jet Set transformó para siempre la vida de sus seres queridos. Según relata su esposo, la huella de Carolina quedó grabada profundamente en el corazón de quienes la conocieron.
Con apenas treinta y cinco años, Carolina era, en palabras de Amauri, una mujer excepcional y una madre ejemplar. Su dedicación a sus pequeños fue reconocida por todos: «Ella lo era todo para esos niños», expresó Martínez, visiblemente afectado por la pérdida.
Tras su partida, Amauri asumió el complejo rol de ser padre y madre para sus hijos, enfrentando cambios drásticos en su día a día. Carolina era analista de cumplimiento en el Banco López de Haro y era admirada por su responsabilidad, puntualidad y carisma, cualidades que perduran en la memoria de quienes compartieron tiempo con ella.
El día que cambió todo
Martínez recordó los momentos más oscuros: el fatal 8 de abril marcó un antes y un después en su vida. Según relata, Carolina perdió el aliento al instante, justo junto a él, mientras él quedó atrapado durante casi nueve horas bajo los escombros. “La vida nunca volvió a ser igual desde ese día”, confesó.
Lidiar con sus nuevas responsabilidades ha sido una tarea monumental. El tiempo libre es casi inexistente, y la acumulación de obligaciones no solo ha afectado su rutina, sino también su salud física y emocional. Sin embargo, se esfuerza diariamente por brindar estabilidad a sus hijos.
La tragedia ocurrió mientras disfrutaban de una presentación del artista Rubby Pérez, a la que también asistieron el hermano de Amauri, Nelson Martínez, y su esposa, quienes lograron sobrevivir al derrumbe del techo de la discoteca.
Un grito por justicia
Desde el fatídico incidente que acabó con la vida de más de 230 personas y lesionó a 180 más, Amauri ha alzado la voz exigiendo justicia. Para él, hubo una clara negligencia institucional que propició esta tragedia evitable: «Había pruebas claras de que esto podía haberse prevenido. Quiero justicia», proclamó en un mensaje cargado de dolor y frustración.
Con una firme exhortación a las autoridades responsables, pidió empatía hacia las familias afectadas. “Es imprescindible entender el sufrimiento que tantos llevamos desde ese día”, agregó.
Aunque la ausencia de Carolina pesa profundamente en su hogar, su familia se aferra a los recuerdos imborrables que dejó y se mantiene unida con la esperanza de obtener justicia y honrar su memoria.

En el foco